Cuando un extranjero viene a la península —desconozco la situación en otras zonas hispanohablantes—, se asombra de la cantidad de veces que oye una palabra: «vale».
Los propios españoles no son conscientes de ello, pero basta con tratar —en español, claro— con algún extranjero que lleve al menos un par de días por aquí. A la primera ocasión que uno diga «vale», es muy posible que el extranjero repita la interjección no sin una sonrisa en la boca.
¿Qué tiene «vale» de gracioso?
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A continuación expondré mi propia opinión, que puede acercarse más o menos a la realidad. A los extranjeros les hace gracia la palabra «vale» porque los españoles la tenemos todo el día en la boca.
¿Y por qué tenemos el «vale» todo el día en la boca?
Pues porque en España no se usa de forma oral la expresión internacional equivalente, el famoso «O. K.» u «okey», léase [ˈoˈkei], [oˈkei] u [oʊˈkeɪ] (o incluso [ok], pronunciación que, si no me equivoco, es más bien irónica/sarcástica).
Curiosamente, Lázaro Carreter lanzó uno de sus famosos dardos contra este «vale» allá por el año 1976, no por su uso en sí mismo, sino por su «machaconeo avulgarado».
Desconozco si habrá alguna investigación al respecto, pero creo que es digno de estudiar todo lo relacionado con este anglicismo, como por ejemplo el hecho de que esté extendidísimo en el lenguaje escrito coloquial (véanse WhatsApp, Facebook, Twitter, etc.) pero sea prácticamente inexistente en la lengua hablada incluso coloquial. Aunque a mí personalmente me produce cierto levantamiento de ceja cuando la oigo en una conversación en español, sí que es cierto que muy tímidamente la voy oyendo cada vez más en hablantes de todas las edades.
Respecto a estas reflexiones te invito a escribir un comentario con tus apreciaciones particulares para que, al menos de forma mental, hagamos nuestra propia estadística.
Pero volvamos a nuestro «vale», ¿vale?
Etimología y familia de «vale»
La interjección «vale» es una interjección lexicalizada a partir de la 3.ª persona singular del presente de indicativo activo del verbo «valer», y de hecho el DLE incluye «vale» dentro de la entrada «valer», lo cual no termina de convencerme por el altísimo grado de lexicalización que ha alcanzado ya el uso como interjección. Pero, claro, yo no soy lexicógrafo.
El verbo «valer», a su vez, proviene del latín valeo, que significaba ‘tener fuerza/salud’. Por tanto, decir «vale» significa poco más o menos que lo que ha dicho el otro tiene fuerza, o sea, que es válido. Por supuesto, «válido» no es más que un derivado de esta misma raíz, y de hecho en el español de hoy esta misma palabra aún conserva a menudo un significado relacionado con la fuerza y la salud, aparte de con la validez. Algo parecido pasa cuando decimos que alguien puede valerse por sí mismo.
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¿Y quién es el valiente? Pues, etimológicamente, el que tenía fuerza y valor, y de ahí que se le presuponga valentía, es decir, el valiente es «capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita» (DLE). Eran estas, por cierto, cualidades muy apreciadas por los romanos, por lo cual existía una gama de nomina y cognomina relacionados con ellas: Valentino, Valentiniano, Valente… y posiblemente Valerio.
Y ya que hemos sacado a los romanos, sacaremos también a los griegos para ver que estas relaciones de significados no son ninguna excentricidad. Hasta tiempos actuales llega el adjetivo ισχυρός [isxiˈɾos] ‘fuerte, poderoso’. ¿Te puedes imaginar qué significa el verbo ισχύω [isˈxio]? Pues ‘ser válido, aplicarse, ser cierto’.
¿Adiós? ¡Vale!
Como todo el mundo sabe, «valer» tiene significados tan comunes como un cuasisinónimo de «costar» y demás. Lo que quizá no tantos conozcan son otros usos más ocasionales.
Uno que me gusta mucho es «vale» como fórmula de despedida. El DLE aclara que es una interjección usada «alguna vez para despedirse en estilo cortesano y familiar». Dejando a un lado eso de «cortesano», sí que se han despedido alguna vez de mí con un «vale».
En esta ocasión, «vale» es un uso arcaizante que sobrevive nada más y nada menos que desde el latín, concretamente de la 2.ª persona del imperativo de presente activo. Esto quiere decir que, cuando uno usa «vale» para despedirse, está diciendo: «ten salud, consérvate sano».
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De hecho vale era la fórmula más común con que los romanos se despedían en sus cartas, por ejemplo Cicerón o Plinio el Joven.
Tenemos, pues, una versión más laica y realista de nuestro habitual «adiós», que, como todo el mundo sabe, se origina en frases como «a Dios te encomiendo», etc.
¿Te animas a adoptar «vale» como fórmula de despedida?
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