En español, así como en la mayoría de las lenguas modernas, un dragón es un ser distinto a una serpiente, aunque tienen cierta similitud. Veamos qué dice el DRAE al respecto:

dragón.
(Del lat. draco, -ōnis, y este del gr. δράκων).

1. m. Animal fabuloso al que se atribuye forma de serpiente muy corpulenta, con pies y alas, y de extraña fiereza y voracidad.

Efectivamente, en la actualidad, un dragón suele referirse a estos seres fantásticos, casi mitológicos, rojos o verdes y que escupen fuego por la boca. Sin embargo, para los griegos, un δράκων (drákon) no era otra cosa que una serpiente.

El héroe griego Cadmo luchando contra el dragón (una serpiente)

Sería más adelante cuando el dragón pasaría a convertirse en ese ser mucho más monstruoso con alas. Es curioso que en cientos de culturas, siempre han existido enfrentamientos de héroes contra dragones, como los típicos caballeros medievales que deben matar al dragón para rescatar a la doncella, la matanza de la serpiente Pitón a manos de Apolo, o incluso la lucha de San Jorge contra el dragón.

Una vez que tenemos claro que, en un principio —hace por lo menos 3000 años— un dragón era exactamente lo mismo que una serpiente como las que podemos ver en el campo, veamos de dónde proviene el vocablo griego δράκων, desde el que, a través del latín, ha llegado nuestra palabra dragón.

En griego existía un verbo que en español podríamos traducir como “mirar fijamente”; este verbo es δέρκομαι (dérkomai). Echando un poco de imaginación (o sabiendo un mínimo de griego clásico), podemos ver que δέρκομαι y δράκων tienen la misma raíz (al menos la δ, la ρ y la κ); de hecho, δράκων es el participio de aoristo del verbo δέρκομαι. Si nos metemos un poco más a fondo en la gramática, vemos que la ν (n) final de δράκων es el mismo sufijo -nt- del español en palabras como amante (el que ama), suplicante (el que suplica), etc., sólo que en griego la τ, si va al final de la palabra, acaba desapareciendo (así pues, debería haber sido δράκωντ-ø).

Dejando ya de lado la pesada gramática, en espera de que se haya entendido lo que he dicho, sólo hay que recordar una cosa, y es que las serpientes no tienen párpados. Si no tienen párpados, es obvio que tienen siempre los ojos abiertos y, por tanto, se puede decir que siempre están mirando. Si, además, nos hemos fijado alguna vez en la mirada de una serpiente, nos habremos dado cuenta de que es una mirada penetrante, que casi podría hipnotizarte (como hace, de hecho, la serpiente Kaa, de la película de Disney El libro de la selva).

La serpiente Kaa mira fijamente a Mowgli para hipnotizarlo

Entonces, ya tenemos nuestra etimología. Según lo explicado con un poco de gramática, sabemos que δράκων, como forma verbal, podría traducirse como “mirante”, “la que mira” e incluso, permitiéndonos un poco de traducción libre, “la mirona”, ya que, al no tener párpados, siempre está mirando (recordemos que el verbo δέρκομαι significa “mirar fijamente”). Ni más ni menos.

Para ilustrarlo un poco mejor, voy a permitirme poner un fragmento de la Ilíada, donde se puede ver más o menos claro:

ὡς δὲ δράκων ἐπὶ χειῇ ὀρέστερος ἄνδρα μένῃσι
βεβρωκὼς κακὰ φάρμακ’, ἔδυ δέ τέ μιν χόλος αἰνός,
σμερδαλέον δὲ δέδορκεν ἑλισσόμενος περὶ χειῇ·

Cuya traducción, según Luis Segalá y Estalella, es:

Como silvestre dragón que, habiendo comido hierbas venenosas, espera ante su guarida a un hombre y con feroz cólera echa terribles miradas y se enrosca en la entrada de la cueva;

Los dragones, las serpientes y la etimología“, de delcastellano.com

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