¿Por qué la zeta (Z) es la última letra del abecedario?
Puede que esta pregunta sea un poco rebuscada, pero, al contrario de lo que puedan pensar muchos (“porque sí, porque en algún sitio tendrá que ir”), hay una explicación mucho más interesante que ésa.
La zeta (Z en mayúscula y z en minúscula) es el equivalente latino a la dseda o dseta griega (Ζ en mayúscula y ζ en minúscula). En ambos idiomas, esta letra representaba el sonido /ts/ o /ds/. En el alfabeto griego, la dseta ocupaba la sexta posición y no la última como lo hace actualmente la zeta.
Esto se debe a las reformas ortográficas de M. Apio Claudio el Censor (también conocido como “el Ciego”, responsable de la construcción de la célebre Vía Apia y el primer acueducto de Roma, el Aqua Appia) a finales del siglo IV a.C. Eliminó la letra zeta cuando la primitiva s sonora, que existía en el período más arcaico del latín, evolucionó en posición intervocálica a la vibrante simple por el fenómeno denominado rotacismo: la s intervocálica pasa a r; por ejemplo, Papisius pasa a Papirius. Este fenómeno ya estaba consumado a mediados del siglo IV a.C.
El lugar de la zeta fue ocupado por la G. A partir del siglo I d.C., volvió a restablecerse el uso de la zeta para reproducir la dseta griega, pero ya no recuperó su puesto originario, ocupado por la G, sino que se colocó en el último lugar del alfabeto.
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