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Origen de la palabra “eco”

Veamos qué dice el DRAE sobre el “eco“. Nos vale con la primera acepción, aunque tenga otras muchas más, para el cometido de esta entrada.

eco.
(Del lat. echo, y este del gr. ἠχώ).

1. m. Repetición de un sonido reflejado por un cuerpo duro.

El origen de la palabra “eco” para significar esa “repetición de un sonido” viene de la mitología griega, concretamente del mito de Eco y Narciso.

Resumiéndolo, Eco era una ninfa que, por su excesiva elocuencia, con la que se burló de Juno, fue castigada a no poder más que decir unas pocas palabras.

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Un día en el bosque, vio al joven y bello Narciso y se enamoró de él. Por cobardía no se acercó a él, sino que lo contemplaba desde la distancia, escondida entre los arbustos. Al notarlo, Narciso le hacía preguntas, a lo que ella respondía con brevedad con las mismas palabras de Narciso. Finalmente, rechazada por éste y avergonzada, huye a las cuevas, donde poco a poco, por la tristeza del rechazo, va menguando hasta que sólo le queda la voz.

Ovidio, en sus Metamorfosis (III.370-99), lo narra de forma magistral:

Cuando vio a Narciso vagando por los campos apartados y se enardeció, sigue a escondidas sus pasos y, cuanto más lo sigue, más arde con más cercana llama, no de otro modo que cuando el inflamable azufre, impregnado en la punta de las antorchas, arrebata las agitadas llamas.

¡Oh, cuántas veces quiso acercársele con lisonjeras palabras y rogarle suavemente! Mas su naturaleza se lo impide y no le permite empezar; pero —lo que sí le deja— ella está preparada para aguardar sonidos a los que pueda devolver sus palabras.

Por ventura el muchacho, alejado del fiel tropel de sus compañeros, había dicho:

¿Quién anda ahí?

Anda ahí —respondió Eco.

Él se queda estupefacto y, cuando echa su vista a todas partes, grita con gran voz:

—¡Ven!

Ella llama al que la llama. Él vuelve a mirar y, como no venía nadie, dijo:

—¿Por qué huyes de mí?

Y, tantas veces como lo dijo, volvió a recibir las palabras. Insiste y, engañado por la imagen de la voz que le replicaba, dice:

¡Aquí juntémonos!

Y Eco, que a ningún sonido había de responder jamás de mayor agrado, le respondió:

¡Juntémonos!

Y se alegra de sus propias palabras y, saliendo del bosque, se dirigía a lanzarle los brazos al deseado cuello. Él huye y, mientras huye, dice:

—¡Quita las manos, no me abraces! Moriré antes que ser tu pareja.

No repite ella sino:

Ser tu pareja.

Despreciada, se esconde en los bosques y, llena de vergüenza, se cubre la cara con hojas y, desde entonces, vive en cuevas solitarias. Pero, aun así, persevera el amor y crece con el dolor del rechazo.

Consumen su cuerpo desgraciado las alertas cuitas, y reseca su piel la delgadez, y hacia los aires se va la esencia de todo su cuerpo. Solo quedan la voz y los huesos: la voz permanece; se dice que los huesos tomaron la apariencia de una piedra. Desde entonces, se esconde en los bosques y no se la ve en ningún monte. Todos la oyen: es el sonido lo que vive en ella.

«Origen de la palabra “eco”», de delcastellano.com

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