Sobre la metafísica

Publicado el 27 de Abril del 2008 en la categoría de Etimología | 1 comentario

Tranquilos, que no vamos a ponernos a filosofar… no al menos de forma profunda, sino como siempre. En este caso, vamos a ver cuál es el origen de la palabra metafísica. Seguramente, a muchos de nosotros nos habrán dicho en las clases de Filosofía que el origen de esta palabra es el que explican, por ejemplo, en la Wikipedia española:

La Metafísica (lat. “metaphysica”, del gr. “metá” = “tras, más allá” y “phýsis” = “naturaleza”, es decir, “lo que viene después de la naturaleza”, “más allá de lo físico”) es la ciencia fundamental de la filosofía.

Realmente, la etimología de esta palabra es mucho más prosaica, así como más curiosa y anecdótica. En el DRAE encontramos una pequeña pista:

(Del gr. tardío μετὰ [τὰ] φυσικά, después de los [libros] físicos, designación que se aplicó en la ordenación de las obras de Aristóteles a los libros de la filosofía primera).

aristoteles.jpg

Efectivamente, metafísica pasó a significar lo que ya todos sabemos, pero la formación de la palabra fue mucho más anecdótica de lo que cabría esperar.

El responsable de esto, según la tradición, fue Andrónico de Rodas, que catalogó y ordenó toda la obra de Aristóteles. A la hora de situar sus obras en las estanterías, lo hizo ateniéndose al título y a la temática. Los libros que trataban sobre el alma y la personalidad no tenían título, así que los puso tras los ocho libros de física, de modo que cuando los estudiosos los querían pedir, por no tener estos libros un título, tenían que referirse a ellos como “los que están después de los libros de física”, que en griego (de forma muy sintética) vendría a ser μετὰ τὰ φυσικά (leído metá ta fisicá).

La etimología de la palabra “hombre”

Publicado el 22 de Abril del 2008 en la categoría de Etimología | Sin comentarios

La etimología de la palabra “hombre” es realmente curiosa e incluso podría decirse que bastante profunda. Como bien dice el DRAE, “hombre” proviene del latín homo, hominis, exactamente del acusativo hominem. En latín venía a tener más o menos las mismas acepciones que tiene hoy en día en español. Nos quedaremos con unas cuantas líneas del DRAE:

hombre.
(Del lat. homo, -ĭnis).

1. m. Ser animado racional, varón o mujer.
2. m. varón (‖ ser humano del sexo masculino).
3. m. Varón que ha llegado a la edad adulta.

En cuanto a la evolución desde el acusativo latino hominem hasta nuestra actual palabra “hombre”, es sencillo: la m final se pierde por casi no pronunciarse, la i intermedia, al ser breve, se pierde también. Nos queda entonces la palabra *homne, que fue ampliamente utilizada a lo largo de la Edad Media, normalmente sin la h inicial, quizás por la incultura que imperaba en aquellos siglos, quizás porque *omne se pronunciaba sin aspirar la h (recordemos que hasta hace escasos siglos, era costumbre aspirar la h como en las lenguas germánicas) y por tanto no había necesidad de escribirla. Así lo encontramos, por ejemplo, en El conde Lucanor del Infante don Juan Manuel (siglo XIV): “Patronio, un omne vino a mí et díxome muy grand fecho et dame a entender que sería muy grand mi pro”. Finalmente, por rotacismo, la n pasó a r y se añadió una b antes para facilitar su pronunciación.

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Pero entremos en materia: ¿cuál es entonces el origen etimológico de la palabra hombre?

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¿Por qué la zeta (Z) es la última letra del abecedario?

Publicado el 21 de Abril del 2008 en la categoría de Historia | Sin comentarios

zeta-dseda.jpgPuede que esta pregunta sea un poco rebuscada, pero, al contrario de lo que puedan pensar muchos (”porque sí, porque en algún sitio tendrá que ir”), hay una explicación mucho más interesante que ésa.

La zeta (Z en mayúscula y z en minúscula) es el equivalente latino a la dseda o dseta griega (Ζ en mayúscula y ζ en minúscula). En ambos idiomas, esta letra representaba el sonido /ts/ o /ds/. En el alfabeto griego, la dseta ocupaba la sexta posición y no la última como lo hace actualmente la zeta.

Esto se debe a las reformas ortográficas de M. Apio Claudio el Censor (también conocido como “el Ciego”, responsable de la construcción de la célebre Vía Apia y el primer acueducto de Roma, el Aqua Appia) a finales del siglo IV a.C. Eliminó la letra zeta cuando la primitiva s sonora, que existía en el período más arcaico del latín, evolucionó en posición intervocálica a la vibrante simple por el fenómeno denominado rotacismo: la s intervocálica pasa a r; por ejemplo, Papisius pasa a Papirius. Este fenómeno ya estaba consumado a mediados del siglo IV a.C.

El lugar de la zeta fue ocupado por la G. A partir del siglo I d.C., volvió a restablecerse el uso de la zeta para reproducir la dseta griega, pero ya no recuperó su puesto originario, ocupado por la G, sino que se colocó en el último lugar del alfabeto.

Origen de la palabra “eco”

Publicado el 19 de Abril del 2008 en la categoría de Etimología | Sin comentarios

Veamos qué dice el DRAE sobre el eco. Nos vale con la primera acepción, aunque tenga otras muchas más, para el cometido de esta entrada.

eco.
(Del lat. echo, y este del gr. ἠχώ).

1. m. Repetición de un sonido reflejado por un cuerpo duro.

El origen de la palabra eco para significar esa “repetición de un sonido” viene de la mitología griega, concretamente del mito de Eco y Narciso.

Resumiéndolo, Eco era una ninfa que, por su excesiva elocuencia, con la que se burló de Juno, fue castigada a no poder más que decir unas pocas palabras.

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Un día en el bosque, vio al joven y bello Narciso y se enamoró de él. Por cobardía no se acercó a él, sino que lo contemplaba desde la distancia, escondida entre los arbustos. Al notarlo, Narciso le hacía preguntas, a lo que ella respondía con brevedad con las mismas palabras de Narciso. Finalmente, rechazada por éste y avergonzada, huye a las cuevas, donde poco a poco, por la tristeza del rechazo, va menguando hasta que sólo le queda la voz.

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¿Qué es el indoeuropeo?

Publicado el 17 de Abril del 2008 en la categoría de Historia | 18 comentarios

¿Sabías que idiomas tan distintos como el inglés, el alemán, el noruego, el lituano, el francés, el español, el ruso, el griego o el polaco —entre muchísimos otros— vienen todas de una misma lengua común? Si creyéramos en el mito de la Torre de Babel, podríamos decir que esta lengua era la que hablaba mucha gente de la prehistoria antes de emprender la construcción de la torre. Esta lengua, de la que obviamente no quedan testimonios, ha recibido el nombre “común” de indoeuropeo, aunque sería más correcto hablar de proto-indoeuropeo.

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En verde oscuro, los países donde se habla una lengua indoeuropea de forma oficial; en verde claro, países donde una lengua indoeuropea es cooficial. Se ve claramente que gran parte del mundo es de habla indoeuropea.

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Etimología de “atlas”

Publicado el 14 de Abril del 2008 en la categoría de Etimología | Sin comentarios

Todos sabemos lo que es un atlas. Citando al DRAE, un atlas es una “colección de mapas geográficos, históricos, etc., en un volumen”. Hasta aquí todo está absolutamente claro. Seguro que todos tenemos uno o más atlas en casa y lo hemos usado en el colegio.

mapa.jpg

Pero ahora bien… ¿por qué a los atlas se les llama así, atlas? Todo parece indicar (incluido el DRAE, que aporta lo siguiente en su sección etimológica sobre la palabra atlas: “Del latín Atlas, y este del griego ῎Ατλας, nombre del gigante a quien se suponía que sostenía con sus hombros la bóveda celeste”) que es por el titán Atlas (no gigante, como afirma erróneamente el DRAE), que, resumiendo la versión del mito más conocida, fue castigado por Zeus tras la titanomaquia a sujetar sobre sus hombros la bóveda celeste. Visto esto, veamos ahora por qué exactamente se le puso ese nombre, atlas, a las colecciones de mapas.

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¿De dónde vienen las formas de los sustantivos y adjetivos?

Publicado el 12 de Abril del 2008 en la categoría de Historia | Sin comentarios

virgilio.jpgVaya una pregunta amplia, ambigua y, a priori, simple también. Como todos sabemos, la gran mayoría de la morfología española proviene directamente del latín, a veces influido por otras lenguas, aunque esto no es relevante ahora mismo.

Como ya hemos comentado de forma resumida y simplista, “el castellano es una lengua que, por lo general, marca los géneros con -o para el masculino (niño) y con -a para el femenino (niña)”. Para los plurales, suele bastar con añadir una -s: niños y niñas. Esto, cómo no, tiene una explicación.

El latín era una lengua ampliamente flexiva. Éste era el caso de sustantivos y adjetivos, entre otras categorías gramaticales, que eran declinables, es decir: dependiendo de la función sintáctica que desempeñase el sustantivo (sujeto, objeto directo, etc.), la palabra se escribía en un caso o en otro. Pongamos los siguientes ejemplos:

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