En castellano tenemos el verbo “agonizar“, heredado del griego a través del latín. Veamos lo que dice la RAE sobre él:
agonizar.
(Del b. lat. agonizare, y este del gr. ἀγωνίζεσθαι, combatir, luchar).1. intr. Dicho de un enfermo: Estar en la agonía.
2. intr. Dicho de una cosa: Extinguirse o terminarse.
3. intr. Sufrir angustiosamente.
4. intr. desus. Perecerse por algo, desearlo vivamente, luchar por conseguirlo.
5. tr. coloq. Molestar a alguien con instancias y prisas. Déjame estar, no me agonices.
6. tr. p. us. Auxiliar al moribundo o ayudarle a bien morir.
Vemos que la palabra se relaciona claramente con la muerte, más concretamente con los momentos antes de ésta, con cierto matiz de “morir con sufrimiento”. Sin embargo, en la sección etimológica del DRAE, vemos que originariamente, en griego, este verbo significaba nada más y nada menos que “lucha”, “combate”. De hecho, en castellano quedan residuos de este significado primario, como, por ejemplo, el adjetivo “agónico”, sobre el que la RAE escribe lo siguiente:
agónico, ca.
(Del lat. agonĭcus, y este del gr. ἀγωνικός).1. adj. Que se halla en la agonía de la muerte.
2. adj. Propio de la agonía del moribundo.
3. adj. Que lucha.
4. adj. Perteneciente o relativo a la lucha.
Puesto que tenemos el adjetivo (proveniente de un participio de presente latino) “agonizante” para referirnos al “que se halla en la agonía de la muerte”, la palabra “agónico“ se reserva casi en exclusiva para ese significado de lucha, combate o incluso competición; de hecho, una simple búsqueda en google nos da miles de resultados, la mayoría para describir un partido de fútbol.
Tras este medianamente largo preámbulo, llega la pregunta: ¿por qué se relacionó un verbo que significaba simplemente “luchar” con morir?

La respuesta, simplificando un poco, viene dada por la mentalidad griega, que era bastante animista: todo tiene vida, todo está animado; hay que tratar y relacionarse con todo como si fueran seres animados. Por tanto, en los relatos épicos (seguramente ya en Homero) se usaría este verbo para referirse a los momentos antes de la muerte de algún guerrero; estos momentos no eran más que una “agonía”, es decir, un combate (un duelo) cara a cara con la muerte. De aquí que, con el tiempo, un verbo griego que significaba sólamente “luchar” acabara significando lo que significa hoy en día.






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Agónico viene de luchar o morir luchando pero tiene una vinculaciòn geogràfica con el Mons Agonus, una de las siete colinas de Roma… y dice relación a esfuerzos matúsculos por motivos de defensa o ataque del lugar durante el siglo VII a.C.