del castellano

Origen, historia y anécdotas del castellano

El futuro imperfecto del subjuntivo, un tiempo olvidado

Si algo nos dejaron los romanos aquí en España —sin contar leyes, costumbres, sociedad y bastantes cosas más—, eso es el latín, que evolucionó hasta nuestra maravillosa lengua: el español o castellano, una lengua flexibilísima, rica y razonablemente sistemática, simple y lógica.

Paradójicamente, esta enorme riqueza choca con su simpleza cuando nos metemos en el tema de los verbos, ya que, aunque logramos eliminar cinco declinaciones de a doce casos cada una, el paradigma verbal latino sigue conservándose igual de complicado en castellano. Cualquier extranjero que empieza a aprender español —por citar un ejemplo claro, los ingleses— se choca contra este inconveniente.

Esto nos permite, por lo general, hablar de forma muy clara cuando el orden o la cronología es importante en el discurso. “Estaba yo duchándome cuando, de repente, sonó el timbe” es una frase impensable en muchos otros idiomas como el árabe o el alemán.

Sin embargo, hay un tiempo verbal que ha caído en el olvido; cuando lo leemos, y más aún cuando lo oímos, creemos que ha sido un error, pero no. Hablo del futuro imperfecto del subjuntivo. Un breve repaso, para los más despistados: [Leer el resto del artículo]

Origen de la eñe y una breve reflexión

Pensaba escribir un artículo sobre el origen de la letra ñ (eñe), tan característica de nuestra lengua. No obstante, en blogolengua tienen un muy buen artículo al respecto, así que resumiré brevemente:

La eñe representa el fonema nasal palatal sonoro, que no existía en latín. La pronunciación de los grupos latinos -ng- (ungula), -gn- (cognatus), -nn- (annus), -ni- (Hispania) evolucionó en las lenguas romances hasta llegar a sonidos nasales palatales, que durante la Edad Media se representaron en cada romance de diferentes maneras, alternándose y confundiéndose: -yn-, -ny-, -nig-, -ign-, -nj-, -in-, -n-, etc.

El francés y el italiano eligieron la forma -gn-, que podemos apreciarla en el nombre de sendos productos típicos: el champagne y la lasagna. El catalán eligió la forma -ny- que se exhibe en el nombre del territorio propio de esa lengua: Catalunya. El portugués, la forma -nh- en la que la h muda indica que la ene anterior no se pronuncia tal cual, (del mismo modo que adoptó -lh- para representar la palatalización lateral): toalha de banho.

El castellano prefirió desde el inicio la -nn- (aunque alternaba con las formas anteriormente indicadas) que los escribanos abreviaban con una ene y una raya encima y que al cortar la palabra, al final de la línea, por la sílaba que la contenía lo hacían separando el dígrafo: dan-no (daño). Esa raya fue ondulándose, quizá por razones estilísticas y, a partir del Renacimiento, se empieza a considerar como una letra independiente y a olvidarse su origen como abreviatura.

El inglés también ha aceptado la ñ en algunos préstamos del español: cañón, piñata, jalapeño

Realmente, la rayita que se ponía sobre la n no era más que la segunda n, que seguramente por motivos taquigráficos o simplemente por ahorro de papel, tinta o tiempo, se abrevió de esa forma, ya que de siempre los españoles fuimos muy poco dados al uso de consonantes geminadas (como prueba de ello, la secuencia -ss- se simplificó en -s-: fortíssimo > fortísimo; massa > masa).

Una vez sabido el origen de “nuestra eñe”, quisiera hacer una breve reflexión sobre su uso, frente al de la secuencia -ny- del catalán. Como ya han leído, el catalán emplea la secuencia -ny- para el mismo sonido que representa la eñe castellana. Así pues, en castellano escribimos Cataluña, mientras que en catalán —que, recordemos, no es un dialecto del español, sino una lengua con un origen común— se escribe Catalunya. Hasta aquí todos de acuerdo.

Sin embargo, es frecuente encontrar lo que a mi modo de ver es una falta de coherencia y cohesión textual. Si bien, según lo que he investigado, ni la RAE ni ningún manual de estilo se pronuncian al respecto, emplear la grafía Catalunya en un texto escrito en castellano (o español) debería considerarse incorrecto, pues, en primer lugar, la secuencia -ny- no existe en castellano; en segundo lugar, emplear esta grafía es igual de incoherente —recordemos nuevamente que el catalán es un idioma distinto al castellano del mismo modo que lo es el inglés o el chino— que emplear las formas originales London o New York (por poner un ejemplo), en vez de las castellanizadas Londres o Nueva York. Así pues, si a nadie se le ocurre escribir “Me voy a London”, sino “Me voy a Londres”, tampoco debería escribirse “Me voy a Catalunya”, sino “Me voy a Cataluña”.

“Origen de la eñe y una breve reflexión”, de delcastellano.com

Sobre la palabra “gay”: etimología y plural

Hace ya bastantes años que la palabra gay se hizo un hueco entre el vocabulario de los hispanohablantes. La RAE, por su parte, la aceptó en su DRAE en la edición del 2001. Como todos sabemos, gay significa: “Dicho de una persona, especialmente de un hombre: homosexual” (DRAE).

Este término entró al español a través del inglés gay, del que se ha copiado por completo la grafía en español. A su vez, los ingleses lo tomaron alrededor del siglo XII de los franceses, para los cuales el adjetivo gai significaba simplemente “alegre”, “despreocupado”, etc.

Remontándonos más atrás en el tiempo, los franceses recibieron esta palabra por influjos de Provenza, donde seguramente el sustantivo latino gaudium (“gozo”) se corrompería y acabaría siendo un adjetivo con la forma gai y con el significado que ya hemos dicho: “alegre”, “despreocupado”…

Cabe destacar que esta palabra, antes de tomarla del inglés, ya estaba en el léxico español con la forma gayo, -a: “alegre, vistoso”, un adjetivo prácticamente en desuso en la actualidad y que prácticamente sólo se emplea en expresiones fosilizadas como gaya ciencia y gaya doctrina.

Pues bien. Poco a poco, los ingleses fueron degenerando el significado de la palabra hasta el significado actual de “homosexual”, seguramente por un eufemismo similar al que tenemos en español: chico de vida alegre > chico de vida gay > chico gay > gay.

Una vez que tenemos clara la etimología de la palabra, habría que hacer mención a la formación del plural de esta palabra. En primer lugar cabe destacar que, en español, debe usarse la forma plural cuando corresponde, igual que con cualquier otro sustantivo o adjetivo.

Y ahora viene el error que comete el 99% de hispanohablantes. El plural de gay es gais, con i latina, y no con y, igual que el de jersey es jerséis. ¿Por qué? Es bien simple: el español es una lengua con una escritura muy pegada a la fonética, al contrario que otras lenguas como el inglés, por lo que, si escribiéramos *gays deberíamos pronunciar la y como ll, es decir, deberíamos decir como con gallos, sin la o, ya que la y seguida de otra letra se pronuncia como ll.

Ahora bien: si pronuncias /gái/ o /guéi/ ya es cosa tuya: ambas pronunciaciones están admitidas por la RAE.

Sobre la palabra “gay”: etimología y plural“, de delcastellano.com

Reflexiones sobre la raíz indoeuropea del verbo “ver”

Como ya vimos hace tiempo, el español, así como la mayoría de lenguas del mundo, procede de una hipotética lengua primitiva llamada proto-indoeuropeo. Hoy haremos unas breves pero curiosas reflexiones sobre el verbo indoeuropeo para ver, cuya raíz se ha convenido que es *weid-. El verbo ver, como digo, nos ha llegado desde el indoeuropeo a través del latín videre (debemos leer la v como u).

Tomemos las dos primeras acepciones del DRAE para nuestro artículo:

1. tr. Percibir por los ojos los objetos mediante la acción de la luz.

2. tr. Percibir algo con cualquier sentido o con la inteligencia.

En principio, ver significa percibir algo por los ojos, aunque también puede ser a través de la inteligencia, aunque tanto en español como en latín se refiere sobre todo a lo que se percibe a través de los ojos.

Ahora fijémonos en el verbo ver en griego antiguo:ἰδεῖν (ideín). Aunque pueda no parecerlo, tiene la misma raíz indoeuropea que el verbo latino videre, que recordemos que es *weid-. En griego, el sonido w (representado por v o u en latín) a comienzo de palabra tiende a perderse, y es el caso del verbo ἰδεῖν (ideín), que debería haber sido ϝἰδεῖν (wideín).

La forma de perfecto de ἰδεῖν es οἶδα (oída), que, en principio, debería significar “he visto” o “vi”, pero es curioso que significa “sé”, del verbo “saber”, en presente. Es decir, los griegos consideraban que como consecuencia de haber visto en el pasado, uno sabe en el presente.

Esta característica no sólo se da en griego, sino que también la podemos encontrar en alemán, en el que existe el verbo wissen (saber), que claramente tiene la misma raíz indoeuropea de la que ya hemos hablado. Algo parecido ocurre con el adjetivo inglés wise (sabio).

Reflexiones sobre la raíz indoeuropea del verbo “ver”“, de delcastellano.com

Errores frecuentes con las tildes

Aunque quizás con esta entrada nos alejamos un poquito de la temática general del blog, creo que es interesante hacer una lista con los errores más frecuentes a la hora de colocar (o no) las tildes. Dado que soy un lector bastante frecuente de blogs —la mayoría escritos por gente sin estudios periodísticos, filológicos o relacionados—, me he encontrado en muchas ocasiones con gran cantidad de faltas ortográficas. Algunas de ellas flagrantes, mientras que otras eran más comprensibles. Las primeras no las trataré, pues para eso no hay más que estudiarse las reglas básicas de acentuación.

  • esto, eso, aquello. No es difícil encontrarse estos pronombres escritos con tilde, es decir, ésto, éso, aquéllo. La tilde es totalmente incorrecta, y la causa más frecuente es una falsa (aunque razonable) analogía con los pronombres éste, ése, aquél y sus correspondientes femeninos, que pueden llevar tilde diacrítica para diferenciarlos de sus funciones más propias de demostrativo (le di un caramelo a este niño; le di un caramelo a éste). Esto, eso y aquello nunca pueden llevar tilde, ya que nunca se pueden confundir con la función de demostrativo.
  • ti. Por falsa analogía a , que lleva tilde para diferenciarlo del mi posesivo (mi casa [posesivo]; dámelo a mí [pronombre]), se suele caer en ultracorrección y acentuar el ti. Esta tilde es absolutamente incorrecta, pues no se puede confundir jamás con el posesivo de segunda persona (tu casa; te lo dieron a ti).
  • porque, porqué, por que, por qué. Dejando a un lado el hecho de que casi nadie distingue entre cuándo van separados o juntos, explicaremos brevemente cuándo llevan tilde y cuándo no.
  • porque. Todo junto y sin tilde es un nexo causal, es decir, se utiliza cuando damos la razón de algo; es el equivalente al because inglés (comí porque tenía hambre; I ate because I was hungry).
  • porqué. Todo junto y con tilde es una palabra que se suele usar de forma totalmente incorrecta; es curioso, ya que mucha gente la emplea para darse un aire culto, pero caen en su propia trampa y quedan mal por emplearla erróneamente. Esta palabra es un sustantivo, y sólo se utiliza cuando es totalmente reemplazable por motivo o alguna palabra similar: dime el porqué de tu queja > dime el motivo de tu queja (correcto); yo sabía el porqué no vino > yo sabía el motivo no vino (incorrecto: en la comprobación vemos que falta algo, pues no suena bien).
  • por que. Separado y sin tilde se utiliza simplemente cuando tenemos un verbo que rige la preposición por y una oración subordinada introducida por que: recé por tu alma > que tu alma se salve > recé por que tu alma se salvara.
  • por qué. Separado y con tilde se utiliza como pregunta, ya sea directa (¿Por qué te fuiste?) o indirecta (No entiendo por qué te fuiste). No debe confundirse con el porqué, junto y con tilde, anterior.
  • que, qué. Aunque los errores no son tan frecuentes como con los casos anteriores (y normalmente basta un libro de lengua española de E.S.O. o Bachillerato para evitar errores), querría aclarar un error muy frecuente. Según las explicaciones que dan muchos profesores, qué lleva tilde cuando va en una oración interrogativa o exclamativa. Esto, en un principio, es correcto (¿Qué decías?, ¡Qué locura!). Sin embargo, este truco de la abuela no siempre funciona, ya que pueden darse situaciones como las siguientes: ¡Que te calles! < ¡Te he dicho que te calles! (sería incorrecto ¡Qué te calles!) o ¿Que quieres más dinero? < ¿Me estás diciendo que quieres más dinero? (sería incorrecto ¿Qué quieres más dinero?).
  • Monosílabos¹. Aunque por norma los monosílabos no se acentúan, hay 8 palabras, y sólo estas 8, que sí. Por tanto, hay que tener cuidado y no acentuar palabras como di (Te di un regalo), des (No me des la brasa), das (Nunca me das nada), dio (Me dio las gracias), fue (Fue Pedro el que lo hizo; Pedro fue al campo), fe (Ten fe en mí), pie y su plural pies (Me duelen los pies), aunque los compuestos como puntapié o ciempiés —por ser polisílabas agudas acabadas en vocal o en -s— sí la llevan, etc., que nunca llevan tilde.
  1. él, pronombre personal, frente a el, artículo. [Ejemplo: Él es el ganador.]
  2. , del verbo dar, frente a de, preposición. [Ejemplos: Que nadie te dé gato por liebre; Es el hijo de Pedro.]
  3. , sustantivo, con el significado de “infusión”, frente a te, pronombre. [El plural también lleva tilde: tés.]
  4. , del verbo ser [o saber], frente a se, pronombre. [Ejemplos: ¡Sé valiente!; Sé que es mentira; Se vende.]
  5. , pronombre personal, frente a tu, pronombre posesivo. [Ejemplos: ¡Así que eras tú!; Tu perro está ladrando.]
  6. , afirmación, frente a si, conjunción. [La nota musical si tampoco lleva tilde. Ejemplos: Sí, quiero; Te daría si tuviera.]
  7. más, adverbio de cantidad, frente a mas [(equivalente a pero)], conjunción. [Ejemplos: Echa más carbón; Dos más dos son cuatro; Estudié, mas no aprobé.]
  8. [, pronombre personal tónico, frente a mi, adjetivo posesivo. Ejemplos: Dámelo a mí; Mi carro me lo robaron.]
  • Adverbios con -mente. En español se pueden formar adverbios de modo a partir de adjetivos, añadiéndoles el sufijo -mente a la forma femenina (rico, rica > ricamente; absoluto, absoluta > absolutamente). Estos adverbios forman palabras que, realmente, tienen dos acentos tónicos (uno en el propio adjetivo y otro en la primera e del sufijo). Sin embargo, sólo se acentúan si el adjetivo original lleva tilde: fantástico > fantásticamente.
  • Pronombres enclíticos. Los pronombres enclíticos son, en resumen, aquéllos que se escriben junto al verbo (dale un regalo). Cuando se juntan dos pronombres al verbo (de objeto directo y de objeto indirecto), se tiende a acentuar, incorrectamente, la palabra como aguda: dameló > lo correcto es dámelo (ya que es esdrújula).
  • Palabras como examen o imagen. Seguramente porque las formas plurales son esdrújulas (exámenes, imágenes), y por tanto se acentúan siempre, se suele caer en el error de acentuar palabras que, en singular, son llanas y no llevan tilde según las normas básicas de acentuación: examen e imagen no llevan tilde, así de sencillo.
  • solo y sólo. Aunque la RAE acepta el uso de solo sin tilde en su acepción de adverbio, algunos “clásicos” prefieren usarla. El problema es saber distinguir cuándo puede llevar tilde y cuándo no debe llevarla. Sólo puede escribirse con tilde cuando tiene función de adverbio (y por tanto es sustituible por solamente, sin tilde, ojo); ejemplo: sólo quiero un café > solamente quiero un café. Solo no lleva tilde cuando funciona como adjetivo; para comprobarlo, basta con cambiar el sustantivo al que se refiere por femenino (en cuyo caso solo pasa a sola) para ver que, efectivamente, funciona como adjetivo, y no como adverbio; ejemplos: quiero un café solo; el fotógrafo está solo ante el peligro > la fotógrafa está sola ante el peligro.
  • aun y aún. La entrada del DRAE es bastante vaga al respecto y es conveniente aclararlo. El uso más común de aún es con tilde, es decir, cuando es intercambiable por todavía; ejemplo: aún está enfermo > todavía está enfermo. Aun, sin tilde, se emplea cuando es intercambiable por incluso/hasta o por ni siquiera; ejemplos: te daré 100 duros, y aun 200 si los necesitas > te daré 100 duros, y hasta 200 si los necesitas > te daré 100 duros, e incluso 200 si los necesitas; no tengo ni aun la mitad de lo que me pides > no tengo ni siquiera la mitad de lo que me pides. Por otra parte, en la expresión aun así, aun no lleva tilde, ya que es sustituible por incluso/hasta; ejemplo: me dijo que me odiaba y aun así le di un beso > me dijo que me odiaba e incluso así le di un beso > me dijo que me odiaba y hasta así le di un beso.
  • Participios de la 3.ª conjugación en -uido. Por una incorrecta analogía con los participios de la 2.ª conjugación (atraer > atraído) y de la 3.ª en -eído (reír > reído), que sí llevan tilde para marcar el hiato que se forma, se suele acentuar los participios o cualquier otra palabra acabada en -uido, que, realmente, no lleva tilde, ya que la u se considera que actúa como semivocal/semiconsonante, por lo que es un monoptongo; ejemplos: destruir > destruido; imbuir > imbuido; se ve muy claro en un sustantivo como ruido.

Me gustaría seguir agrandando la lista con más errores frecuentes y que sea interesante explicar, así como agrandar la lista de ejemplos de monosílabos que no llevan tilde pero que se suelen acentuar erróneamente. Espero sugerencias en los comentarios de la entrada.

¹ Lista extraída de Wikipedia, con anotaciones propias entre corchetes.

Errores frecuentes con las tildes“, de delcastellano.com

El siniestro lado y la izquierda

Hoy en día, cuando empleamos la palabra siniestro, lo más probable es que pensemos en “Avieso y malintencionado; Infeliz, funesto o aciago” (DRAE). Sin embargo, también es la palabra culta para denominar el lado izquierdo: “Dicho de una parte o de un sitio: Que está a la mano izquierda” (DRAE). De hecho, éste era el significado originario del latín sinister, sinistri; simplemente era el antónimo de dexter, dextra (derecha). Haciendo un poco de memoria, nos vendrá a la cabeza la frase española “a diestro y siniestro”, que no es otra cosa que “a derecho e izquierdo”, es decir, “Sin tino, sin orden, sin discreción ni miramiento” (DRAE).

Aunque hay mucha etimología popular alrededor de esta palabra, lo más probable es que el paso de significar “izquierda” a “avieso y malintencionado; infeliz, funesto o aciago” fuera algún tipo de sinécdoque o metáfora. Se baraja la posibilidad, que a mí me parece la más acertada, de que en “Roma los augurios eran positivos o negativos en función del lado derecho o izquierdo, respectivamente, por donde se ejecutaba el vuelo de las aves (aunque, según los rituales, unas veces la izquierda, otras la derecha eran el signo favorable)”¹. Así pues, si los malos augurios eran aquellos en los que las aves venían por la izquierda, una metáfora para referirse a algo malo es nombrar el lado por el que vienen los malos augurios, es decir, el lado siniestro.

Como ya hemos dicho, hoy en día este adjetivo tiende a implicar algo malo, aunque aún se puede utilizar con su significado original (es decir, izquierda), o incluso hacer pequeños juegos de palabras en el que pueda significar ambas cosas al mismo tiempo, como quizás quiso hacer Pérez Galdós en La Fontana de Oro: “En el siniestro lado tenía una grande y muy negra verruga, que asemejaba un exvoto puesto en el altar de su cara por la piedad de un católico”.

Como siempre se tiende a hacer un tabú de todo aquello que pueda sonar mal, el español acabó por dejar casi en desuso el adjetivo siniestro con el significado de “izquierda”, y lo reemplazó por el vascuence ezkerra, que se adecuó al español como izquierda.

¹ Etimología de siniestro en dechile.net

El siniestro lado y la izquierda“, de delcastellano.com

El error común del pretérito perfecto simple del indicativo

Hay un error bastante extendido, tanto en la lengua hablada como en la escrita, que comete un gran número de personas, casi independiente de su nivel cultural. Este error se da en el pretérito perfecto simple.

Conjuguemos el verbo amar: yo amé, tú amastes, él amó, nosotros amamos, vosotros amasteis, ellos amaron.

¿Lo has encontrado? El error está arriba. Vuelve a repasar la conjugación. Efectivamente, la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple del modo indicativo no lleva s; es decir, sería tú amaste.

¿Cómo es esto? La causa de este error es una analogía incorrecta con el resto de segundas personas del singular del resto de los tiempos verbales, que sí llevan la s final.

¿Por qué el pretérito perfecto simple no lleva s final? Ya en latín, este tiempo verbal tenía unas desinencias propias independientes de la mayoría de los tiempos. Así, la conjugación en latín sería:

  • amavi
  • amavisti
  • amavit
  • amavimus
  • amavistis
  • amaverunt (también amavere)

La sílaba -vi- fue sincopándose (desapareciendo), dando lugar a nuestro actual pretérito perfecto simple:

  • amé
  • amaste
  • amó
  • amamos
  • amasteis
  • amaron

Por tanto, y en resumen: la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple del indicativo no lleva la s final. Si aún no lo crees, puedes comprobarlo tú mismo en esta tabla del DRAE.

El error común del pretérito perfecto simple del indicativo“, de delcastellano.com

Los dragones, las serpientes y la etimología

En español, así como en la mayoría de las lenguas modernas, un dragón es un ser distinto a una serpiente, aunque tienen cierta similitud. Veamos qué dice el DRAE al respecto:

dragón.
(Del lat. draco, -ōnis, y este del gr. δράκων).

1. m. Animal fabuloso al que se atribuye forma de serpiente muy corpulenta, con pies y alas, y de extraña fiereza y voracidad.

Efectivamente, en la actualidad, un dragón suele referirse a estos seres fantásticos, casi mitológicos, rojos o verdes y que escupen fuego por la boca. Sin embargo, para los griegos, un δράκων (drákon) no era otra cosa que una serpiente.

El héroe griego Cadmo luchando contra el dragón (una serpiente)

Sería más adelante cuando el dragón pasaría a convertirse en ese ser mucho más monstruoso con alas. Es curioso que en cientos de culturas, siempre han existido enfrentamientos de héroes contra dragones, como los típicos caballeros medievales que deben matar al dragón para rescatar a la doncella, la matanza de la serpiente Pitón a manos de Apolo, o incluso la lucha de San Jorge contra el dragón.

Una vez que tenemos claro que, en un principio —hace por lo menos 3000 años— un dragón era exactamente lo mismo que una serpiente como las que podemos ver en el campo, veamos de dónde proviene el vocablo griego δράκων, desde el que, a través del latín, ha llegado nuestra palabra dragón.

[Leer el resto del artículo]

Etimología de la palabra “precipicio”

Como siempre, echemos un vistazo al DRAE:

precipicio.
(Del lat. praecipitĭum).

1. m. Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.
2. m. Despeño o caída precipitada y violenta.
3. m. Ruina espiritual.

Observando un poco, vemos que la palabra latina praecipitium está formada por dos partes: prae- y -cipitium. La primera parte es nuestro actual prefijo pre-, que “significa anterioridad local o temporal, prioridad o encarecimiento” (DRAE). Hay cientos de palabras castellanas con este prefijo: la misma prefijo (afijo que va antepuesto), prehistoria (antes de la historia, es decir, antes de todo documento escrito), prejuicio (juzgar de las cosas antes del tiempo oportuno [DRAE]), etc. La segunda parte, -cipitium, está relacionada con la palabra latina para cabeza: caput, capitis, cuya raíz aún pervive en español en palabras como decapitar (cortar la cabeza) e incluso capitán (el que está en cabeza de una tropa, el que la dirige), entre otras muchas.

Por tanto, un precipicio no es ni más ni menos que aquel sitio por el que si uno se cae, lo hará con la cabeza por delante. Para reflejarlo de forma más gráfica y dejarlo claro, veamos un epigrama del poeta romano Catulo:

CV. ad Mentulam

Mentula conatur Pipleium scandere montem:
Musae furcillis praecipitem eiciunt.

Y a continuación la traducción de Antonio Ramírez de Verger (Alianza Editorial):

105. ¡Mamurra, poeta!

Méntula quiere escalar la montaña de Pipla:
las Musas, a horcazos, lo arrojan de cabeza de allí.

Etimología de la palabra “precipicio”“, de delcastellano.com

Etimología de “Occidente”, “Oriente”, “Septentrión” y “Meridión”

Estas palabras designan los puntos cardinales: Occidente es el Oeste; Oriente, el Este; Septentrión, el Norte; Meridión, el Sur. Estas palabras de origen latino han acabado siendo sustituidas, en la mayoría de las ocasiones, por las palabras de origen germánico Oeste (West), Este (East), Norte (North) y Sur (Suth, actualmente South), aunque aún se siguen usando con más o menos frecuencia Occidente y Oriente con los siguientes significados, tal y como indica el DRAE:

occidente.
(Del lat. occĭdens, -entis, part. act. de occidĕre, caer).
1. m. Oeste (‖ punto cardinal).
ORTOGR. Escr. con may. inicial.
2. m. oeste (‖ región situada en la parte oeste).
3. m. oeste (‖ lugar situado al oeste de otro).
4. m. Conjunto formado por los Estados Unidos y diversos países que comparten básicamente un mismo sistema social, económico y cultural.
ORTOGR. Escr. con may. inicial.

oriente.
(Del lat. orĭens, -entis, part. act. de orīri, aparecer, nacer).
1. m. Este (‖ punto cardinal).
2. m. Asia y las regiones inmediatas a ella de Europa y África.
¶ ORTOGR. Escr. con may. inicial.
3. m. Brillo especial de las perlas, que les da valor.
4. m. Astr. Horóscopo o casa primera del tema celeste.

De estas cuatro palabras, quizás las etimologías más interesante sean las de Occidente y Oriente, relacionadas entre sí.

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